sábado, 1 de diciembre de 2012

El atestado de Caperucita Roja

Este cuento empieza casi igual que el otro, pero es más corto. Dice así:
 Y en la psicotrópica imagen que me ofrece la luna veo el hocico del Hombre Lobo. No, señor juez, me estoy refiriendo a la luna delantera de mi furgoneta... ¡Oh, Dios! ¡Pobre chucho! A quién se le ocurre salir así a la carretera en una noche como esa. Me fue imposible frenar a tiempo.


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