martes, 6 de noviembre de 2012

No sé si oigo voces

No sé si oigo voces o es que el cabrón del vecino se ha vuelto a dormir con la tele a toda hostia, La cosa es que no pego ojo. Al menos tuvo la decencia de separarse de su mujer y ya no discuten, por lo menos no detrás de mi cama, al otro lado del tabique. Ay!! el amor!!. Tendríamos que sentarnos un día y hablar del amor, o mejor, desnudarnos y hacer el amor, o follar, que he leído por ahí que es hacer el amor con la luz encendida. Pero no hoy, porque el amor es un sueño y yo hoy ando desvelado.
Este insomnio mío me mata y mañana me matará la falta de sueño. Yo, que hace escasamente tres horas estaba ilusionado con trabajar, con levantarme prontito, preparar el café, ay!! el café!!, y llenar la cocina con ese cálido aroma tan madrugador, ahora me da por culo pensar que cuando suene el despertador de los cojones hará apenas diez minutos que me habré dormido. La lectura tampoco sirve en estos casos, las voces, o la tele del vecino, lo que quiera que sea eso que atormenta mi descanso, además, me impide concentrarme y ya no sé si Harry es el Lobo Estepario o el puto perro que el vecino se trajo cuando su señora se largó con el frutero, o si todo, mi insomnio incluído, no es más que el futuro que algún teleastrólogo le está leyendo a otro imbécil insomne a tres euros el minuto. Ay!! el futuro!! De ese mejor no hablar, no vaya a ser el causante de un insomnio perenne que me dure hasta la muerte. Ay!! la muerte, desdicha fuerte, que decía Segismundo, esa es la que menos me inquieta. La muerte no duele, yo al menos nunca he visto un muerto quejarse. La muerte es serena, la muerte es total, la muerte es el despertar para Segismundo, y la vida... la vida sueño. Pero como yo no duermo, la muerte, Segismundo y la obra entera de Calderón de la Barca me la traen al pairo, que es una espresión muy marinera. Al pairo se queda el barco cuando no cojen aire sus velas, cuando cuelgan flácidas del palo mayor y el navío se torna ingobernable, como mi puto insomnio. A la deriva. Ay!! la deriva. La deriva es una derrota como otra cualquiera y una derrota es un rumbo, pero un rumbo que tu no decides, que decide la corriente que te arrastra, ese trozo de mar que fluye como si fuera río pero que no desemboca, nunca desemboca, como mi puto insomnio. Y así podría pasarme horas, hablando del amor, del café, del futuro, de la muerte, de la deriva y de la derrota, cosas todas que me desvelan. Y sí, las horas pasan y los párpados pesan, y no penseis vosotros que veis esto de mañana, bien dormidos, descansados, que esta sarta de gilipolleces están escritas en el tiempo que os lleva leerlo. No, hay que filtrar las voces, o la tele, aún no lo tengo claro. Hay que rescatar las palabras del enjambre de pensamientos que zumban en mi cabeza, hay que ponerles tildes, hay que ponerles comas, eliminar los anuncios si fuera la tele, los insultos si fueran las voces. Hay, en definitiva, que separar el grano de la paja. Ay!! la paja!!


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