miércoles, 7 de noviembre de 2012

Arqueología del porvenir

Esta copla infantil, originalmente en castellano, fue escrita hace aproximadamente dosmil años, es decir, unos seis siglos antes de nuestra era y ha sido recientemente clasificada como uno de los más importantes documentos histórico-científicos que prueban que el hombre ya habitaba el planeta antes de nuestra llegada.

    Mientras tenga pies, no habrá fronteras
    ni ha de faltarme cobijo.
    Mientras tenga manos tendré sexo
    y lo demás... me tira del pijo.



Cuenta una leyenda, que el hombre no siempre vivió en Júpiter. En un principio, hace más de mil quinientos años, Júpiter era un planeta desolador con oscilaciones térmicas de trescienos grados celsius y huracanes en toda la superficie, como ahora _pero como ahora ya no vivimos allí sino aquí, en la Tierra otra vez, no nos importa_. Como digo, cuenta la leyenda que La Tierra era por aquel entonces un vergel y que el hombre poblaba pacíficamente el planeta en armonía con la naturaleza, conviviendo en singular simbiosis con el resto de los seres con quienes compartía orbe hasta que un día, un error informático, que era un deficiente sistema utilizado en esa época con variopintos fines, terminó, quién sabe si por dejadez de algún operario, achicharrando el planeta con todo su paradisíaco contenido. Cuenta la leyenda que tan sólo sobrevivieron a aquella catástrofe pangeática, los dos destacamentos de una estación penitenciaria espacial destinada a los convictos de alto riesgo de fuga y, a la sazón, más peligrosos, cuyo destino penitenciario se denominaba "2ª órbita post-lunar 6". A éstos se les sumó la tripulación de la lanzadera personal de un alto mandatario que, quizás advertido de los acontecimientos venideros, optó por tomar las de villadiego vía ortogonal y fue a estrellarse en su huida de la hecatombe contra uno de los dos Módulos Penitenciarios Orbitales. De ahí que en nuestro escudo figuren las siglas M. P. O.  Como entre la tripulación figuraban numerosas señoritas a las que el mandatario denominaba lumis. Hoy, en honor a ellas, creadoras de nuestra civilización, denominamos lumis a nuestras mamás. La leyenda no da más datos acerca de la suerte corrida por el mandatario. Hace setecientos años que habitamos este planeta porque Júpiter no daba más de sí y desde entonces hemos ido encontrando numerosas muestras de lo que parece haber sido una civilización, aunque atrasada, muy similar a la nuestra, a juzgar por los escombros. Esta coplilla, nos demuestra lo que sospechábamos y si bien hasta el momento no se ha conseguido descifrar su significado en un cien por cien, se puede afirmar que la leyenda es cierta y parece que, al menos en el periodo de su composición, el ser humano gozaba de cierto optimismo y cierta libertad. Quizás lo descubramos junto al significado de esos dos vocablos hasta ahora inextricables para nosotros; "sexo" y "pijo".

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